El vapor que salía de la bañera a rebosar de agua hirviendo le nublaba la vista, no había apenas luz, solamente la que emitían unas velas con aroma a vainilla distribuidas por todo el cuarto de baño. Todo estaba más que listo, bonito, ¿verdad? Bueno... No es de las mejores escenas que pueden presenciarse, en el borde de la bañera, también había preparada una cuchilla de afeitar un tanto antigua y oxidada, un paquete de cigarrillos y una botella de vodka con limón.
Se quitó la bata, dejando al descubierto mil cicatrices hechas con una torpeza que demostraba el miedo que tenía, pero ya no podía más, no aguantaba más la situación, sentía la necesidad de acabar con todo, aunque, sabía que no era la solución adecuada. Se metió en la bañera, la cual tiró una gran cantidad de agua, se sumergió y notó como el agua le quemaba la piel y le abría las heridas. Aguantó la respiración, pero, entre la agitación del momento, las lágrimas brotándole de los ojos y el dolor punzante ocasionado por el agua, no aguantó más de medio minuto.
Salió a la superficie con torpeza y algo mareado, apoyó la cabeza en el filo de la bañera, respiró, y le dio un buen trago a la botella, uno tras otro, hasta acabársela por completo. Estaba muy mareado, le costaba hasta mantener la cabeza en la superficie, el calor le debilitaba y la gran cantidad de alcohol que había tomado le empezaba a hacer efecto.
Ya estaba listo, le quedaba poco tiempo antes de desmayarse en aquella bañera, sentía la necesidad de hacerlo, de escapar de ese infierno, cogió la cuchilla, y se hizo un corte en el brazo izquierdo, desde la muñeca hasta prácticamente la mitad del brazo. Sabía que dolía, veía la sangre brotar con gran rapidez desde su brazo pero, no sentía ningún dolor, era insensible a cualquier cosa que pudiese hacerse. En sus últimos segundos, le pasó su vida entera ante sus ojos mientras, poco a poco, se iba sumergiendo en el agua que ya no notaba tan caliente, se iba sumergiendo en un sueño eterno del que jamás despertaría en aquella bañera, o eso creía.