27 octubre, 2013

El niño que se divertía contando el gotelé de la pared.

Al llegar el fin de semana todo el mundo piensa:
"¡Puf! ¡Por fin! ¡A salir de fiesta estoy harto de instituto!" o "tío no voy a pisar mi casa, ¡todo el día en la calle! ¡que ganas!"
Para mí en cambio.. que llegue el fin de semana, me da igual en ciertos aspectos, claro que me gusta salir con mis amigos... pero, no siempre, es difícil ser del tipo de persona que me cae bien para quedar en el fin de semana, y la gente con la que lo hago puedo contarla con los dedos de una sola mano, así que, si no quedo con esas pocas personas, soy de esos que no se amargan en su casa, al contrario, saben ingeniárselas de cualquier manera para no aburrirse, para no agobiarse en cuatro paredes. 
En toda mi infancia nunca salí a la calle, vivir en un barrio un poco problemático hacía que mis padres me sobreprotegieran demasiado, hasta tal punto que si tenía que ir a algún sitio me llevaban en coche, o me acompañaban ellos, fue poco después de los 14, cuando empecé a saber lo que era salir un viernes a tomarte un batido (nada de cafés joder, tenía 14 años), cuando empecé a saber lo que era salir muchas tardes, pero ya era tarde, mi mente estaba acostumbrada a ser imaginativa, y el plan de ir al parque, al centro, o a tomar algo se me hacía demasiado repetitivo para admitirlo en mi vida, y me inventaba mil escusas para no salir de casa, para estar en mi cuarto leyendo, jugando a la NintendoDS, a la Play Station, o yo que sé, dibujando, inventando historias en mi cabeza, viendo películas, o incluso soñando con que algún día viviría grandes aventuras en otros países (sí, en ese momento nació mi curiosidad por conocer nuevas culturas y ver el mundo entero). Si, en eso consistían mis fines de semana, en dejar volar mi imaginación, en ser un niño, no querer crecer. Aún sigo haciéndolo, casi cuatro años después, camino de los 18, sigo prefiriendo estar en mi casa toda la noche envuelto en una manta, con una enorme fuente de palomitas y viendo películas, yo solo, o con alguien, a salir de fiesta. Me gusta salir de fiesta como todo el mundo, es normal joder, te despejas un rato y quizás te pillas un pedete, pero... qué puede compararse con el poder la imaginación humana? Exacto, nada, somos nuestra mejor juerga, nuestra mejor diversión, y, aparte de todo eso, nos sale gratis así que... no le veo nada de malo a mi manera de pasar los fines de semana, podéis pensar que soy un amargado quedándome en mi casa las 48 horas del fin de semana, o que soy raro, pero yo prefiero decir que sigo siendo ese niño que se divertía hasta contando el gotelé de la pared.

Forever young.

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